Los Domingos inspiran

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Como ya os comenté en mi anterior post, tuve una época en la que usé la pintura como terapia, la concentración a la hora de empezar un proyecto y dedicarle el mimo necesario para que aquello acabe siendo lo que uno se imagina, hizo que encontrara de nuevo poco a poco el equilibrio 😉

He pintado muchos muebles de mi casa, si de esa a la que llevo a todos partes y muchos de mis muebles ya han sido repintados varias veces en función de la casa que nos tocaba en cada destino. Mi santo marido cada vez que cambiamos de sitio lo teme….porque sabe que la casa que encontremos tiene que ser una casa en donde todos mis “cachibaches” encuentren su lugar.

El “upcycle” para mi está a la orden del día, lo que en una casa fue un dia mesa de comedor, en la otra se ha convertido en mesa de estudio, y en la siguiente en mueble auxiliar. De armario de mi ropa, a mueble principal en el salón, de butaca encontrada en la basura a convertirse en mi super butaca de lectura… A lo largo de los años he rescatado de contenedores, de tiendas de segunda mano y de sitios insospechados piezas que han encontrado una vida nueva en mi casa.

Algunos he tenido que arreglarlos, otros simplemente limpiarlos, o retapizarlos, pero en todos más o menos intento que jamás parezcan nuevos….los muebles tienen, sobretodo los que son viejitos o vintage, su historia y esa historia no se le puede borrar.

Tengo una mesa que me encanta, que no he pintado por que las cosas como son, no TODO se puede pintar, que tiene una marca de una plancha en un lateral. He tenido muchos comentarios acerca de esta mesa por que creen que tengo que lijarla y ocultar esa “tara” que tiene, pero a mi me hace mucha gracia, es su insignia, es algo que nos cuenta la mesa de ella, por qué quitarlo? le quitaríamos su esencia.

Hay una pieza en casa a la que tengo especial cariño, porque fue uno de los primeros muebles que se compraron mis padres recién casados. Mi madre se acuerda todavía de lo que le costó, y de casa de mis padres luego pasó a casa de una hermana de mi madre, de ahi al trastero y de ahi la rescaté cuando me independicé y no tenía un duro y arrasé con todo aquello que no se usaba en casa ajena.

Se trata de una cómoda, de madera regulera de los años 50 más o menos, que era de un color horrible y que pinté de dorado con un spray. Así la tuve muchos años hasta que un domingo me inspiré y la pinté con Chalk Paint. Tardé lo suyo en hacerlo, porque las rayas me costaron un triunfo. Ahora el resultado fue espectacular, no os parece?

 

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